Rojo y blanco.
Una tormentosa tarde de sábado. Varios días de lluvia torrencial parece que acaban
con este viento huracanado que se lleva todo por delante.
Oscurece
temprano...¿no es hoy el día más corto del año?
Sí,
hoy es 21 de diciembre, y entonces empieza el invierno, ya se acerca
Nochebuena...y yo sigo sin acostumbrarme a pasar las fiestas con
frío...
Son
las seis y media y es un buen plan mirar un partido de fútbol. Sin
nervios, sin que me preocupe realmente quien gana.
Creo
que debería ser un partidazo, van a jugar el Campeón de América
frente al Campeón de Europa...y sí, tambien creo que deberíamos
estar allí.
Empieza.
¿Quiero
que gane el Fla, por eso de la solidaridad latinoamericana? ¿O
quiero que gane el Fla porque el Liverpool es un equipo inglés?
Pero
el Fla nos ganó a nosotros, entonces quiero que pierda. Los Reds son
ingleses, sí, con un técnico alemán, y una estrella egipcia, y
otra brasileña... y juegan muy bien, entonces...que gane el
Liverpool.
Presiona
arriba el Flamengo, el Liverpool no arma juego, pasan los minutos, un
poco más cerca del gol el equipo inglés, y poco a poco los
brasileños emparejan y pasan a dominar.
No
puedo evitar una melancólica comparación...¿y si estuviéramos
allì? Si el Flamengo domina al Liverpool, y nosotros dominamos al
Flamengo 87 minutos, aplicamos la propiedad transitiva y...
¡No!
La propiedad transitiva en el fútbol no es aplicable.
Termina
el primer tiempo. Sigo sin saber quien quiero que gane. Y en el
segundo las cosas se mantienen parecidas, cero a cero pero es un
partido entretenido.
Pasan
los minutos, Y el Liverpool está un poquito más cerca, y el
Flamengo tiene otra vez un final mágico, minuto 90 y pasa de penalty
en contra a saque de arco, gracias al VAR.
Está
bien que haya prórroga, tengo ganas de seguir viendo fútbol.
Arranca
fuerte el Liverpool, no se achica el Flamengo. Pero en una contra,
Firmino, brasileño él, convierte. Y esta vez no hay remontada
milagrosa.
Me
quedo satisfecho, me gusta que gane el Liverpool. Tampoco me hubiera
molestado que gane el Flamengo. Por suerte pude despojarme de esas
tonterías nacionalistas que contaminan el fútbol, ya bastante
contaminado por intereses comerciales y políticos.
Son
las nueve y veinticinco, fue un buen plan mirar este partido de fútbol.
Sin nervios, sin que me haya preocupado quien ganaría,
pero con una suave melancolía, no he visto jugar a un equipo vestido
de rojo y a otro de blanco, sino que ví ciento veinte minutos de
fútbol teñidos de rojo y blanco.


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